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LOS COLORANTES NATURALES: UNA NUEVA ALTERNATIVA PARA LA INDUSTRIA CÁRNICA

7/25/2016

El color natural de los productos cárnicos está bien documentado, es así que la carne de los animales, sean aves o mamíferos, se pueden clasificar entre rojas y blancas por su contenido de mioglobina (La carne blanca del pollo tiene valores de mioglobina por debajo del 0,05%;  el muslo pueden llegar a 0,18-0,20%; el cerdo y el filete de vaca están entre 0,1-0,3%; la ternera está en 0,4-1,0%; y una vaca vieja tiene 1,5-2,0%.[] ), éste pigmentos natural está constituido por una proteína y un anillo porfirinico el cual  aloja en su parte central átomos de hierro, caso similar ocurre con la hemoglobina de la sangre cuya diferencia radica en la proporción de proteína unida al anillo porfirinico, este mismo  anillo  también aparece en   la clorofila, en la clorofilina y en el complejo B, en cuyos casos alojan átomos de magnesio, cobre y cobalto respectivamente. La clorofilina  se viene usando en cremas dentales, chicles y en alimentos procesados. Ese conocimiento del trabajo metabólico de plantas y animales oriento a los químicos de síntesis para desarrollar las ftalocianinas, de hierro, níquel, cobre, etc, esta última desarrolla un  color azul y es  ampliamente empleadas para teñir bluyines.

Los cambios de color que sufre la carne de res recién cortada hacia un rojo cereza se debe a la incorporación de oxigeno por parte de la mioglobina formando la oximioglobina,  la continua exposición de ambos pigmentos con el oxígeno, produce la  metmioglobina, un pigmento que torna la carne rojo-marrón. Este cambio en color no significa que el producto esté deteriorado.

 El proceso tecnológico del curado de las carnes, además de prevenir el crecimiento de micro organismos,  tiene como objetivo la preservación del color rojo en sus  derivados como lo son las  salchichas, los jamones, las mortadelas, etc. El cual consiste, entre otras,  en agregar  pequeñas cantidades de  nitratos y nitritos, los primeros se reducen a nitritos en el ambiente reductor de la carne cruda y por la adición de ascorbatos, además,  los nitritos en medios ácidos, típicos de procesos fermentativos, desarrollan ácido nitroso el cual se desdobla generando óxido nitroso que  interactúa con la mioglobina formando nitrosomioglobina de color semejante a la carne recién cortada; una vez se desnaturaliza la proteína unida al anillo profirínico por efecto de la cocción o almacenamiento prolongado se genera el pigmento estable llamado nitrosohemocromo de color rojo, tono  deseable para una producto cárnico procesado.

Si los niveles de mioglobina en una determinada carne son bajos es de esperar que los niveles de nitrosohemocromo formado en el proceso de curado también lo sean, de ahí que resulte necesario adicionar colorantes para lograr el tono deseado a un jamón, mortadela, salchichas u otro embutido. En nuestro medio aún se acude de manera generalizada al uso de colorantes sintéticos  para tales fines, para ello se emplea Eritrosina, Rojo Ponceau, Azorrubina o Carmoisina,  Amarillo Ocaso, Amarillo No 6, Tartrazina, los cuales son colorantes AZOICOS, excepto la eritrosina. Si bien es cierto que esos colorantes están avalados por la FDA y sus ingesta diaria admitida (IDA) está establecida, existe la posibilidad de que pueden poseer residuales de las materias primas empleadas  en el proceso de síntesis y se  ha comprobado científicamente que los colorantes azoicos  se pueden desdoblar química y biológicamente en las sustancias de partidas, una de ellas son las aminas  las cuales   reaccionan con los nitritos empleados en la conservación de las carnes desarrollando nitrosaminas, sustancias implicadas en el desarrollo de tumores gastrointestinales ,( Crit. Rev. Microbiol, 1992,19, 175-192). En el año 2011 se publicó  un artículo en la revista  International Journal of Pharmacy and Pharmaceutical  Sciences, Vol 3, supple 3, pp 159-169,  que muestra, a nivel de ratas, que la tartrazina y el ácido sulfanilico empleado en la síntesis de ese colorante  ocasiona daños morfológicos a riñones e hígado,  además de aumentar los niveles de colesterol, creatinina y glucosa en la sangre.

La Eritrosina, sustancia muy semejante a la tiroxina, ya que ambas poseen en sus moléculas cuatro átomos de iodo, se produce a partir de la fluoresceína la cual puede generar neurotoxicidad y fototoxicidad. El IDA de la Eritrosina se ha ido reduciendo desde 2,5 mg/Kg de peso en la década de 1970 hasta la actual de solamente 0,1 mg/kg de peso desde 1990. La tiroxina es la hormona que segrega la glándula tiroide  y determina en gran medida  el funcionamiento del organismo humano, de presentarse liberación de iodo en el metabolismo de la eritrosina se podría estar dando un incremento de tal elemento  y por ende en  la producción de tiroxina con las consabidas consecuencias para la salud.

Como alternativa al uso de  los colorantes sintéticos se viene incrementando significativamente el empleo de los colorantes naturales, los cuales hacen parte de la  megatendencia mundial por el consumo de alimentos funcionales que no solo proporciones macro y micronutrientes sino que mediante la incorporación o supresión de alguna sustancia produzcan un beneficio a la salud, en este nuevo ámbito, lo deseable, en la medida de lo posible, es emplear aditivos  que  no solo cumplan su misión, sino que además aporten efectos benéficos para la salud, tal puede ser el caso de poseer propiedades antioxidantes y por ende proteger al organismo de dañinos efectos de los radicales libres.  A los colorantes naturales se les han llamado colorantes  funcionales por esa razón, entre ellos están: el ácido carmínico, la curcumina, el beta caroteno, el licopeno,  la luteína, la capsantina, la betanina, las antocianinas, la bixina y la norbixina. Estudios científicos validan  la actividad anticáncer del ácido carmínico la cual está relacionada con su estructura antraquinoide semejante a la daxorubicina- antraciclina y la daunomicina, fármacos con esa propiedad. A la curcumina, colorante amarillo que se extrae de los rizomas de la cúrcuma también se le ha comprobado sus efectos anticancerígenos, es un potente antioxidante y por ende antiinflamatorio.  La betanina, colorante de la remolacha, se incorpora a los  eritrocitos humanos  previniendo su hemolisis  y a pesar de su hidrofilicidad se asocia con las lipoproteínas de baja densidad evitando su oxidación. Esta oferta de la naturaleza se ha retomado y no tiene reversa ya que los avances en los procesos tecnológicos para su obtención, purificación y formulación permiten tratarlos con la delicadeza que requieren para conservar sus bondades y por lo tanto  los procesos de incorporación en los alimentos procesados deberán atender esta situación.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ricardo Torres Chacón.

Químico M.Sc. Ciencias Química

Director investigación y desarrollo Colorganics